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Antonio Vizintín, Sobreviviente de Los Andes

En 1972 un avión uruguayo se estrelló en los Andes con 45 personas a bordo. Solo sobrevivieron 16. Tras haber pasado 46 años, vino a la provincia y dio una charla testimonial.

Antonio “Tintin” Vizintín, tenía 19 años cuando sobrevivo a la tragedia de Los Andes, aquel 13 de octubre de 1972, en el que el avión uruguayo que transportaba un equipo de rugby se estrelló en los picos nevados. Iban en un viaje de fin de temporada del “Old Christian Club”, de Montevideo a Santiago de Chile. Éste era un club de ex alumnos del colegio de curas irlandeses, el “Estela Maris”.

Era un viaje con un destino diferente. Próximos a Mendoza, les comunican que el avión tenía que bajar, que las condiciones meteorológicas no estaban dadas como para cruzar la cordillera. Con lo puesto, dejaron las valijas en el avión, ya que iban a pasar una noche solamente. Al llegar a la ciudad, anduvieron deambulando en distintos grupos, hasta que cansados decidieron ir al Hotel de los Maestros, el cual aún existe. Los pusieron a los 9 en tres habitaciones de a tres. Al final de la historia, solo uno de cada una de las habitaciones se va a salvar. Tintin, junto a dos compañeros conocieron a eran dos hermanas y una prima que iban en un Fiat 600 con las que al caer la noche fueron a la Taberna de Padovani, una casa vieja que como especialidad tenia milanesas. En un momento entraron a mirar y se dieron cuenta que todas las paredes estaban escritas, tenían mensajes de personas que habían dejado su huella en el camino. Una de las chicas se levanta y escribe los nombres de los seis seguido de un “amigos por una eternidad”. Ese sería el nombre que luego llevaría como emblema un capitulo en el libro “La sociedad de la nieve”.

Al día siguiente, volvieron temprano al avión –yo no voy a desayunar porque voy a comer langostinos en Santiago- dijo Tintin. Como varios chicos más, se subió al avión en ayuno pensando en todo lo bueno que iba a haber en Santiago del Chile. Mientras se dirigían hacia el Paso del Planchón, ellos iban pasando las cartas, tirando la pelota y haciendo chistes. De pronto un poso de aire. Uno de los compañeros agarra el micrófono que estaba en el fondo y dice –muchachos siéntense y abróchense los cinturones, así no se desparraman los parados-. Algún susto, otro pozo de aire. De repente entraron en una nueve, no se veía nada, fue cuando de la cabina apareció un señor que sería un navegante. Atravesó el pasillo hacia el fondo con una cantidad de mapas y un portafolio –Ustedes cuatro vayan para otro lado- les dijo. Tintin se fue a sentar a la parte del frente del avión, en uno de los dos primeros asientos izquierdos, del lado de la ventana. Los mismos, estaban a unos dos metros de un mamparo en el que iban las valijas y los separaban de la cabina. Mientras miraba el paisaje, de repente a unos 20 metros vio una montaña de tierra. Los motores rugían al máximo El avión que tenía las alas arriba, el fuselaje, toda una piedra, pierde velocidad, pierde las alas, se parte la cola. El choque, fue todo en uno.

Toda la parte última de aquella nave se pierde en la montaña, mientras aquel aparataje de rugientes turbinas se deslizaba montaña abajo hasta que en determinado momento frena. Tintin recuerda que iba en posición de impacto, agarrado de abajo del asiento con la cabeza baja. En ese momento se produce un gran silencio, ese del que hablan en las grandes tragedias. No se sentía ni un sonido, y de pronto gritos, aullidos, pedidos, gente que no podía más del dolor.

Empiezan a sacar a los heridos, Tintin que permanecía colgado, solo podía era oír era aquel panorama. Le sacan el cinturón, cae y sale. En ese momento, como todo buen capitán de rugby, Marcelo Pérez del Castillo asume y el equipo empieza a funcionar -Hay que sacar a aquel que está muerto, pongan ese herido a un costado-. Rápidamente se iba la noche y se metieron en el pedazo de avión que quedaba para tratar de dormir. Recuerda que si trataba de mover un brazo para acomodarse, alguien aullaba, y si trataba de estirar una pierna, alguien gritaba. Al amanecer, el sol había salido, estaba despejado. Estaban ubicados en una planicie rodeados de montañas, como en una herradura. Con una sed brutal, agarraban nieve y se la ponían en la boca para que se derritiera. Siguieron acomodando a los heridos, ya con más precaución, a los muertos se los fue poniendo afuera y se fue tratando de acomodar el avión. Sacaron de los asientos el recubrimiento y se lo uso como frazadas, mientras la parte de abajo que era de goma se uso como colchones.

La primera noche fue espantosa, la segunda quizá fue peor. Recuerda que iba de mañana y le decía a Marcelo – ¿Nos van a venir a buscar?- y él decía –Quedate tranquilo, que seguramente estemos en un lugar complicado y van a venir mañana- y asi Tintin seguía con sus actividades. En total eran 28 los sobrevivientes. Otras de las tres cosas que dijo Marcelo fue –Muchachos, junten todo lo que tengan de comer, las galletitas, chocolates- Para dormir se sentaban a dormir unos frente al otro, acuclillados y tapados por los recubrimientos de esos asientos. Todas las noches pasaban y se repartían un pedacito de galletita, de chocolate los cuales se ponían en la boca, para poder disfrutar aunque solo sea un poco en la adversidad. Tomaban solo el doble de la tapita de licor o vino.