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Choque de intereses: de la ética a la responsabilidad

Envueltos en una crisis sin miras de fin inmediato y rezando para que tenga una feliz resolución, mantenemos el statu quo, y las contradicciones y remezones se mantienen flotando en el aire.

Resulta inentendible que socios de una fuerza política vapuleada por la realidad se empeñen en profundizar sus diferencias o bien en generar cortocircuitos que aquellos contra quienes se enfrentan o luchan lo reciben de parabienes, porque les otorga aire en momentos que están arrinconados y con poco rodaje para escapar del apriete en que se sienten incómodos.

La sociedad política que habían conformado Mauricio Macri y Elisa Carrió, a la que muchos no le daban gran tiempo de vida, se mantiene hasta nuestros días. Aunque cada tanto hay algún resbalón, caminan ambos de la mano.

Pero esto, que era así hasta ahora, pareciera que comienza a tornarse inquietante, y debajo de los pies de ambos socios se producen ciertos movimientos tectónicos que ponen en peligro la construcción política elaborada por ellos y ahora se parece a un castillo de naipes a un soplido de su derrumbe total.

La discusión, que por ahora no es tal entre ambos, se mantiene a niveles de caracteres virtuales o mensajes encriptados lanzados por la rubicunda chaqueña, autoimpuesta como la fiscal de la República.

Núcleo central de este paso de comedia -transformado en un drama de la vida cotidiana entre dos personas que conviven bajo un mismo techo y se juraron fidelidad eterna- es el cómo enfrentar la realidad, si desde el deber ser o desde los hechos, sin etiquetas moralizadoras.

Se enfrentan, ya no dos posiciones ideológicas o políticas, sino dos formas de encarar una situación determinada, desde la ética o desde la responsabilidad. Si ambos, Mauricio y Elisa, están conscientes de conformar una sociedad con un fin de hacer política para el bien común, las diferencias estriban en qué posición queda la responsabilidad del gobernante que administra la cosa pública en el día a día y, por su lado, la ética republicana que enarbola una diputada nacional pero referente social de un país que vive de crisis en crisis.

Alguna vez, el ex presidente español, socialista y hoy reconvertido en un hombre de consulta de sociedades y gobiernos por todo el mundo, Felipe González, sostuvo que “al gobernar” había aprendido a “pasar de la ética de los principios a la ética de las responsabilidades”.

Notable definición de quien, desde una posición o una mirada, antes de llegar al poder afincaba toda su acción y pensamiento en la ética, y cuando accedió al poder, debiendo resolver cuestiones de manera permanente y crucial, debió ir cediendo a ciertos pruritos o estigmas para abocarse a la responsabilidad de la gestión.