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El desafío contra la pobreza estructural

Uno de los ejes de campaña del actual presidente fue “pobreza cero”. Ciertamente, cualquier persona entiende que esa consigna es sólo una puesta en escena con un fin concreto, luchar contra la pobreza estructural.

Es utópico pensar en la inexistencia de pobreza, siempre habrá -por más que nos pese- personas que son pobres. Lo que es inadmisible es la presencia de la llamada “pobreza estructural”, de esa masa de personas indigentes, no sólo pobres sino abandonados a su suerte y a la buena de Dios.


La actual crisis económica que vive el país, sumada a cierta ineficacia o ingenuidad por parte de la actual administración, han incrementado los índices existentes que, de por sí, ya eran alarmantes a la llegada de Macri a la Casa Rosada.

La diferencia, más allá de los desaciertos expuestos crudamente por el Presidente y su equipo, es que antes se intentaba ocultar o maquillar la pobreza, hoy no se piensa en ello. Lo que existe está a la vista y no hay ningún atisbo de esconderla.

A nivel mundial, lo que preocupa no es la pobreza “a secas” sino que asusta la existencia de una pobreza “dura” o estructural.

En ese contexto, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, se destaca que en el mundo hay 836 millones de personas que son pobres y que uno de cada cinco personas vive con menos de 1,25 dólares diarios.

¿Pero qué significa “pobreza estructural”? No sólo implica no tener un plato de comida en la mesa sino que es mucho más. Es la falta de una cobertura de salud adecuada. Es la ausencia de servicios básicos indispensables, como estar conectados a la red de agua corriente, contar con una vivienda digna, acceder a centros educativos, tener cobertura de seguridad social, pero también en este mundo tan interconectado es tener acceso a comunicaciones e información.

Así, la “pobreza estructural” podríamos definirla como un concepto emergente, en el que se complementan dos criterios con el fin de medir la pobreza. Por un lado, la línea de pobreza, indagando sobre si la población recibe ingresos suficientes para mantener un estándar mínimo de consumo. Por el otro, es observar cuáles son las necesidades básicas insatisfechas.