Nota de Tapa

La comisaria del terror

La Seccional 10º volvió a convertirse en un espacio de violencia institucional. Cuatro policías fueron imputados por el homicidio calificado de Darío Pérez. Mientras tanto, se está juzgando a otros 9 uniformados por el crimen de Ramón Vázquez, ocurrido en el mismo lugar. Coincidencias fatales en idéntico escenario.

Faltaba apenas un día para que Darío Pérez cumpliera 40 años. Estaba separado desde hacía un tiempo y vivía con su madre Rosa Ponce, en la calle Oncativo, del barrio General Paz, al sur de la capital santiagueña. Se ganaba la vida con su oficio de chapista y pintor de vehículos en un taller de la zona.

En la mañana del martes 25 de septiembre, víspera de su onomástico, subió a su motovehículo junto a uno de sus tíos y se dirigió hacia el barrio Santa Rosa de Lima a visitar a una de sus primas. Presumiblemente, estaría organizando un asado familiar a modo de festejo. En el camino, Pérez y su tío torcieron el destino y se dirigieron al barrio Autonomía, posiblemente a un cajero automático que se encuentra ubicado justo al lado de la comisaría 10º, en la avenida Juan Francisco Borges, o para realizar algún tipo de trámite en la dependencia policial. El motivo de su presencia en el lugar aún no está claro, aunque algunos especulaban incluso que podría haber sido a consecuencia de la retención del rodado en un operativo de tránsito. Sin embargo, todavía se desconocen las razones.

Lo cierto es que Pérez tuvo un entredicho con un par de efectivos que estaban a bordo del móvil policial. De inmediato, los uniformados habrían descendido de la camioneta y comenzaron a increparlo. Luego vinieron los primeros roces y empujones que terminaron con el chapista en el piso. Con lo cual, éste se habría levantado y golpeado a uno de ellos.

Ese habría sido el inicio de una pelea que tuvo a Pérez y a cuatro efectivos policiales como protagonistas. Los hombres de azul habrían comenzado a golpear y patear al chapista en la vereda de la seccional. Alguno de ellos se habría percato de las miradas curiosas de los vecinos y de personas que se encontraban en el lugar para realizar diferentes trámites. Con lo cual, lo arrestaron, literalmente, hacia el interior de la seccional. Lo que sucedió dentro de la unidad policial no está todavía claro. Lo cierto es que Darío Pérez murió en el interior de la Comisaría Décima, cerca de las 22.

ATANDO CABOS

Durante la madrugada del miércoles 26, Rosa Ponce se despertó sobresaltada. Un móvil de la seccional 10º llegó hasta su humilde vivienda y uno de sus ocupantes le avisó que su hijo Darío estaba en la morgue. Había muerto un día antes de cumplir los 40 años. Eso sí, nadie le contó que había estado detenido en la comisaría y mucho menos las circunstancias de su muerte. Ella misma tuvo que comenzar a atar cabos, preguntar aquí y allá, para entender lo que había pasado. De pronto, entendió que su hijo no murió por causas naturales. Al contrario, a su hijo lo mataron.

La versión oficial de la muerte de Pérez indica que el hombre sufría un cuadro hipertensivo y una gastritis, la que se profundizó a raíz de la ingesta de bebidas alcohólicas. También indica que fue detenido por haber provocado disturbios en la vía pública a consecuencia de su estado de ebriedad, y que se trenzó en una pelea con los efectivos que intentaron detenerlo. A la vez, se precisa que se descompensó en la seccional, adonde falleció luego de su detención.

Sin embargo, los primeros informes de la oficina forense fueron contundentes: Darío Pérez presentaba no sólo hematomas, compatibles con golpes, en distintas partes de su cuerpo, con hundimiento de uno de sus pómulos, lesiones en la espalda, en sus miembros superiores e inferiores, sino que presentaba signos de “asfixia por sofocación”, presumiblemente brocado por una bolsa.

Ya no cabían dudas, Darío Pérez fue asesinado en el interior de la comisaría 10º.

POLICIAS INVOLUCRADOS

Con tales elementos, el caso, que en un primer momento estuvo en manos del fiscal Martín Silva, pasó a la Unidad Fiscal de Violencia Institucional, a cargo de la Dra. Érika Leguizamón. Durante la inspección ocular en el interior de la dependencia se secuestraron los uniformes, celulares y armas de los cuatro policías involucrados. También se requirió el análisis de la ropa de Pérez.

En la pericia ocular, los fiscales recorrieron cada sector donde habría estado el chapista hasta el momento de su muerte, mientras que la División Criminalística, a cargo del Lic. Gustavo Maffei, se ocupó de todos los trabajos de rigor, en busca de la recolección de pruebas.

Así, se ordenó la detención del cabo José Luis Gómez, el oficial ayudante Maximiliano Tévez, el cabo 1º Jorge Jaime y el cabo 1º Fernando Medina, quienes fueron imputados por “homicidio doblemente calificado por la premeditación de dos o más personas y por el abuso de sus funciones de efectivo policial”. En las últimas horas, el juez de Control y Garantías prorrogó la detención de los cuatro efectivos durante 30 días más.