Nota de Tapa

“La causa no está cerrada, hay mucho que investigar”

En un diálogo con LA COLUMNA, el padre del niño asesinado en Quimilí asegura que el caso está inconcluso y que continuará buscando a todos los responsables del crimen hasta que el niño descanse en paz.

En uno de los más ardientes días de diciembre, un hombre está parado en una de las principales esquinas de la Madre de Ciudades. Con una boina blanca, pañuelo al cuello y una remera blanca que lleva en su frente la foto de un niño, también con pañuelo al cuello. Casi con vergüenza, tímidamente, estira su mano y entrega uno de los volantes que dice: “No a la impunidad”. Ni siquiera hace falta preguntar su nombre. La fotografía de ese niño que no sonríe sirve casi como identificación. Tantas veces fue reproducida. Tantas otras, ese rostro se multiplicó en carteles, a modo de estandarte de las innumerables marchas que se sucedieron a lo largo de los últimos 18 meses.

“Hace un año y medio me mataron a mi hijo, y me mataron a mi también”, dice, a modo de identificación Mario Alberto Salto, el papá de Mario Agustín Salto, ese niño de 11 años que el último día de mayo salió a pescar a una represa y terminó asesinado de la manera más atroz e inimaginable. La imagen de ese niño se confunde con la de ese hombre. Tienen la misma mirada triste…

Aún cuando hace un par de semanas la justicia aseguró que el caso estaba resuelto y que el crimen del niño era parte de un rito satánico, que involucra a varias personas de Quimilí, el padre del niño no está tan convencido, y persiste en su reclamo de justicia.

Totalmente absorto del insoportable calor, continúa invitando a una nueva marcha. Continúa en su tarea, casi siempre con la vista clavada en la foto de su hijo. Sólo cuando alguien le pregunta algo alza la vista. Un hombre se detiene, le da un abrazo. Otro lo alienta a no bajar los brazos. Muchos más reciben sus volantes, lo miran con respeto y siguen de largo. “Es el papá de Marito”, se escucha decir. Ese tímido comentario pareciera alentarlo aún más.

EL PAYADOR Y LOS PERROS

“No voy a bajar los brazos hasta que los asesinos de mi hijo paguen por lo que hicieron”, asegura ese humilde hombre de 31 años, un humilde peón de campo que, por su contextura física, llegó a convertirse en jinete en distintas domas. Precisamente, de ese tiempo surgió la amistad con el payador Santiago Luna, quien tiene muchísimos seguidores en las redes sociales y solidariamente realizó un video pidiendo justicia por el crimen de Marito, que terminó convirtiéndose en una pieza clave para esclarecer el crimen. “Un payador amigo hizo un video para ayudarnos a pedir justicia por Marito. A través de eso, Marcos Darío Herrera, un adiestrador de perros se comunicó primero con él y después con nosotros, ofreciendo los servicios de los canes, que adiestra en la provincia de Río Negro”, cuenta Mario Salto.
Esta ayuda fue puesta a consideración de la policía y de la justicia, quienes se encargaron de aceitar los mecanismos legales para que el “Grupo K9”, con perros adiestrados que se encargaron de dar con las pruebas que faltaban.
“Antes de los perros no había nada. Sin los perros, no tenían nada. La causa estaba parada hace meses”, contó Salto.