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¿Necesitamos Fuerzas Armadas?

A partir de la tragedia vivida por nuestro submarino ARA San Juan comenzó a visibilizarse un problema existente dentro de nuestra Nación: estamos indefensos, precaria y absolutamente indefensos.

Motivo para ello son muchos pero podemos sintetizarlos de alguna manera práctica en que luego del desastre provocado por la última dictadura militar con la sinrazón como proa, la ciudadanía detestaba todo aquello con ropaje camuflado y el Estado adoptó una solución razonable en sus inicios, el quitarle aire a los potenciales destructores del sistema democrático. Alfonsín lidió con los levantamientos carapintadas, Menem buscó restañar heridas con las leyes de punto final y obediencia debida con un as en su manga, había sido prisionero de los militares a los que les daba un salvoconducto legal y además había sido proscrito y lastimado en su fuero más intimo cuando tuvo que resignarse ante la muerte de su madre sin poder ir a velarla por el solo hecho de estar impedido de hacerlo por un injusto encierro en Las Lomitas.

Las fuerzas armadas con Alfonsín y Menem quedaron relegadas, este último les dio una entidad y responsabilidad en la asignación de tareas en la guerra emprendida por los Estados Unidos contra Irak y su incorporación como miembro extra OTAN, pero la situación de ninguneo institucional, de repliegue como polo de poder trascendente, de desinversión sistemática, continuó durante el resto de las presidencias que les sucedieron, De la Rua y Duhalde, también por una cuestión innegable el país vivía sumido en una debacle económica financiera límite, para concluir en el cierre de todo oxígeno con los Kirchner.

Mientras Menem les había conseguido una inserción internacional a las Fuerzas Armadas y con ello las legitimaba como instituciones para la defensa pero fronteras afuera, dándoles un motivo para adiestrarse y sentirse útiles, había pergeñado un cambio de roles, sacarlos de la política doméstica, los demás directamente los olvidaron.