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Sobre héroes y fantasmas

Nadie quiere parangonar a Ernesto Sábato en su obra emblemática, pero hoy estamos enfrentando dos mundos tan lejanos como ajenos el uno del otro.

Hay cierta invisibilidad frente a los acontecimientos que se nos suscitan frente a nosotros en este convulsionado momento de nuestra existencia.

Vamos paso a paso, conociendo a gente tan diferente a nuestra propia realidad, son tan desconocidos como invisibles, pero tanto ellos como nosotros abrevamos en la misma fuente sanguínea.

Son rostros invisibles aunque seamos todos nacidos bajo el mismo cielo y aún así nos comportamos, a veces, como enemigos irreconciliables.

A nuestro derredor vagan incansablemente fantasmas sin descanso, entes que buscan un lugar de sosiego. Pero somos nosotros quienes los inquietamos, quienes perturbamos su última morada, impidiéndoles recomponer heridas, aquellas que, tras su partida, se mantienen como llagas vivas en nuestra lacerada piel.

No es cuestión de endilgarles a estos, nuestros fantasmas, el dolor y la injusticia que atravesamos. Para nada. Ellos son solamente la causa y efecto de una pesadilla que no quisimos vivir, pero la padecimos.

Son fantasmas que se agolpan en nuestra mente, que nos deambulan inconscientemente sin darnos un mísero respiro. No nos podemos despertar de ese sueño perturbador y maléfico. No podemos quitarnos las penas de encima. Debemos soportar su carga, que ahora es nuestra.

A ellos no podemos enrostrarles ninguna culpa, qué podemos reprocharles si solo fueron peones del tablero de ajedrez que jugamos a escondidas con nuestra propia naturaleza.

No vale etiquetarlos, ni adjetivizarlos. No merecen, bajo ninguna forma, otorgarles un concepto moral o ético. Son simplemente fantasmas que antes fueron como nosotros, de carne y hueso.

Sí, hubo un tiempo que tuvieron odios, amores, tristezas, sinsabores, resentimientos, amistades, dolores, reencuentros, favores, desencuentros, pensamientos, deseos y esperanzas. Hoy, nada de eso queda, sólo el recuerdo de su paso casi etéreo, más o menos profundo en las huellas que fueron dejando en quienes los conocían.

De pronto, ellos se magnificaron por gracia de la causalidad o la casualidad, vaya uno a saber, da lo mismo. Lo importante es que dejaron el anonimato para pasar a un conocimiento extendido.