Nota de Tapa

Ritual de muerte

Un año y cuatro meses después del brutal asesinato de Marito Salto, la justicia asegura que el caso está resuelto y el crimen es parte de un rito satánico, que involucra a varias personas de Quimilí. Se trata de una práctica sangrienta que no es nueva en la provincia. Los casos que conmovieron a toda la sociedad.

Santiago del Estero siempre se caracterizó por ser una tierra profundamente ligada con las tradiciones religiosas. Las devociones populares se confunden con los tradicionales festejos de manifestaciones masivas de fe.

Desde las celebraciones del Señor de Mailín, hasta la Virgen de Sumampa, pasando por San Expedito, San Cayetano, San Gil, el Señor de las Libranzas, la Virgen de Huachana, la Cruz de Matará, el Niño Jesús de Lojlo, hasta aquellas ligadas con cuestiones paganas, como la de San Esteban, o las no reconocidas por la Iglesia Católica, como la del Gauchito Gil. Todos estos cultos forman parte de la esencia misma del santiagueño y de la religiosidad de estos pagos. Todos tienen sus seguidores, que lo declaran abierta y fervorosamente, sin cuestionamientos de ningún tipo. Sus devotos cuentan que les prometieron esto o aquello, si le cumplían tal o cual promesa y que, para lograrlo, realizan un sacrificio determinado, que incluye peregrinaciones hacia sus santuarios, una misa en su nombre o alguna penitencia determinada, que nunca va más allá de los límites del razonamiento lógico.

Sin embargo, la proliferación de sectas de origen umbanda y afrobrasileras tienen otra noción acerca de los sacrificios. Las ofrendas de animales muertos, como gallos, gallinas, perros y gatos, se entrelazan con elementos diversos, como tierra de cementerio y velas negras, conformando una amplia gama de ritos esotéricos que encierran una alta cuota de misterio.

Las prácticas ligadas al oscurantismo son innegables. En ese contexto se enmarcan los pactos diabólicos que aún hoy se practican en todo el mundo.

Pese a que se intente desviar la atención hacia otros rumbos y se asegure que esta clase de pactos son ajenos a esta tierra, no son desconocidos en Santiago, aunque se prefiera ocultarlos, minimizarlos e incluso ignorarlos. El crimen de Mario Agustín Salto no fue el producto de una mente enferma, o de algún tipo de alienación mental. Para la justicia, fue un crimen en un contexto de ritual satánico.

MARITO

Marito tenía apenas 11 años, concurría a la escuela Nº 1.214 “Padre Víctor Conde López” de la ciudad de Quimilí. Sus papás estaban separados. Vivía con su mamá, su padrastro y sus hermanitos. Era un niño lleno de vida, feliz, pese a sus limitaciones económicas.

Durante la siesta del 31 de mayo del año pasado decidió ir a pescar a la represa ubicada en cercanías de la Ruta Provincial 116. Subió a su bicicleta, llevando consigo una caña, un balde para las futuras capturas y los elementos que utilizaría en ese tiempo libre. Las cámaras de seguridad de la ciudad muestran su paso en soledad poco después de las 15. Todo era normal.

Sin embargo, Marito no regresó. Su familia comenzó a intranquilizarse y empezó la búsqueda desesperada del niño, las fuerzas de seguridad iniciaron un intenso rastrillaje, fundamentalmente en la represa, pensando que podía haber caído en la misma. La bicicleta, el balde y la caña de pescar estaban allí, pero del niño no había rastros.

Fueron dos días de intensa búsqueda, no sólo en el espejo de agua, sino en los alrededores, todo con resultado negativo. Marito había desaparecido.