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De villanos a héroes

¡Que ciclotímicos somos nosotros! Saltamos de la decepción a la euforia en un santiamén y sin dar respiro.

¡Qué contradictorios resultamos ser! Somos tan negativos como optimistas, tan inseguros como seguros, tan escépticos como creyentes.

Podemos rumbear para cualquier lado y todo puerto nos cabe bien, no hay término medio. El equilibrio no es una de nuestras virtudes, por el contrario, somos un pueblo que sufre de una bipolaridad crónica.

No hay nada que nos convenza ni nadie que nos encandile y todo lo contrario.

Somos inconformistas, pero nos conformamos con mucho aunque parezca poco.

Pensamos en dramas y oscuros pensamientos hasta que un halo de luz cruza por frente nuestro y todo se ilumina y nos enceguece.

Somos, al fin de cuentas, un claro ejemplo de un paciente psicológico o, lo que es peor aún, siquiátrico, aunque nadie diga que sufre de ataques de pánico, stress, complejos o locuras varias y nos refiramos a psicólogos o psiquiatras como algo desconocido, terminamos siendo campeones de pacientes de lo mental.

¡Y sí! Si Japón exporta tecnología miniaturizada, si España exporta buenos jamones y turrones, si Estados Unidos exporta armas, si Sudáfrica exporta oro e Italia fetuccine y pizza, nosotros exportamos psicólogos. ¿Por qué será?

Y es que aquí son necesarios porque solamente adentrándose en los laberínticos pasadizos de nuestra mente se podrá comprender el por qué somos un pueblo tan díscolo y rebelde.