Nota de Tapa

La historia de un destino clandestino

La médica que adulteró documentación para facilitar la apropiación ilegítima de una bebé en tiempos de la dictadura es juzgada en La Plata. Esta criatura creció en Santiago y nunca quiso recomponer el vínculo con su familia biológica. Una historia conmovedora donde el pasado y el presente se entrelazan.


El 19 de agosto de 2008, la presidenta de Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, anunció en conferencia de prensa que habían recuperado a la “nieta 93”. Se trataba una joven profesional que había vivido gran parte de su vida en Santiago del Estero, junto con sus padres “apropiadores”.

La historia había comenzado mucho antes. Antes que esa nieta naciera en un centro clandestino de detención, hija de un matrimonio cuyos restos aparecieron como NN en un cementerio de La Plata. Precisamente, sus padres son el comienzo de esa historia que comenzó en los años de plomo, cuando entre tanto horror, sangre y muerte, esa criatura se convirtió en la protagonista inocente de una vida robada. El robo de su identidad se sumó al de centenares de nietos que las familias de los desaparecidos aún buscan y reclaman.

El camino a desandar para encontrar las huellas de esos niños robados –hoy hombres y mujeres que tienen aproximadamente 40 años- no fue fácil. La recolección de pruebas y testimonios fue un hecho que todavía significa una llaga para los argentinos. Sin embargo, con la ayuda de la ciencia, que aportó hallazgos genéticos de todo tipo, el ADN principalmente, y la persistencia y constancia en su objetivo por parte de Abuelas, ese camino se fue allanando.

Primero tímidamente, aunque con inmensa alegría; luego con más fuerza que nunca se fueron anunciando los hallazgos de los “nietos recuperados” en distintos puntos del país. El robo sistematizado de bebés comenzó a caer por su propio peso.

Sin embargo, a la par de la recuperación de cada uno de esos nietos anhelados, también se comenzó a hablar de los apropiadores de los otrora bebés. De aquellos hombres y mujeres que los inscribieron como propios, que les dieron otra identidad, que los alejaron de su familia de sangre. De la responsabilidad que les cabe no sólo a ellos sino también el grado de participación que tuvieron los médicos y enfermeros que ayudaron al nacimiento en cautiverio de estas criaturas.

Muchos de ellos ya fueron juzgados y condenados. Otros tantos esperan que la justicia los absuelva o los sentencie por haberse apropiado de los hijos de desaparecidos.

Desde el viernes pasado, último día de septiembre de 2017, la médica Nora Raquel Manacorda, ex integrante de la Policía bonaerense, comenzó a ser juzgada en La Plata, acusada de haber inscripto datos falsos en la constatación de nacimiento de una bebé.

Una maniobra que permitió la sustitución de la identidad y la retención y el ocultamiento de la víctima durante 30 años, dado que fue registrada como hija de un militar de inteligencia y de su esposa. Esa víctima que aún hoy vive en Santiago del Estero y continúa utilizando la identidad que le dieron sus apropiadores.