Nota de Tapa

Injusticia

La sentencia por los crímenes de lesa humanidad producidos durante el Operativo Independencia dejó sensaciones de injusticia. La historia de las víctimas santiagueñas que formaron parte del histórico juicio.

Más de 16 meses después, tras 88 jornadas de debate oral y público, el pasado viernes 15 de septiembre terminó el juicio más grande del Noroeste argentino: la megacausa “Operativo Independencia”. Por la sala de audiencias pasaron más de 400 testigos y 22 testimonios fueron tomados en los domicilios. En cada una de las 8 inspecciones oculares, los testigos señalaron los lugares donde estuvieron en cautiverio y fueron torturados. La fiscalía pidió condenas que van desde los 3 años a prisión perpetua al considerar acreditados los delitos cometidos contra 266 de las 271 víctimas que llegaron a juicio. 102 de esas víctimas permanecen desaparecidas y 7 estaban embarazadas al momento de su secuestro. 7 de esas víctimas eran santiagueñas, incluyendo en esa lista macabra a una de esas mujeres que llevaba a un hijo en su vientre, quien nunca fue recuperado.

Las condenas fueron de 4 años a prisión perpetua. En todos los casos, el Tribunal integrado por Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla y Juan Carlos Reynaga sostuvo que los delitos estaban calificados como lesa humanidad, lo que implica que se tuvo por acreditada la existencia de un plan destinado a cometer un ataque sistemático y generalizado contra la población civil. O sea, un plan de violación sistemática a los derechos humanos en plena democracia.

Sin embargo, la sentencia del histórico juicio por delitos de lesa humanidad cometidos durante el Operativo Independencia dejó sensaciones de injusticia entre los familiares de víctimas y desaparecidos.

Si bien fueron condenados a prisión perpetua Roberto “El Tuerto” Albornoz, Luis De Cándido, Ricardo Oscar Sánchez, Miguel Moreno, Enrique del Pino y Jorge Omar Lazarte y recibieron penas Manuel Rubén Vila (10 años de cárcel), Néstor Castelli (18 años), Jorge Capítán (16 años) y Pedro López (cuatro años), la absolución de 7 de los enjuiciados: José Ernesto Cuesta, Ramón César Jodar, Camilo Orce, José Luis del Valle Figueroa, Alberto Svendsen, José Roberto Abba y Omar Edgardo Parada dejó un sabor a poco.

A la hora de evaluar las sentencias, se vieron caras de enojos y frustración entre los familiares que esperan que todos los acusados fueran condenados. Nadie esperaba absoluciones.


LOS SANTIAGUEÑOS

Pero más allá de las sensaciones que dejó la lectura de la sentencia, se conocieron las historias de vida de las víctimas, 7 de las cuales eran santiagueñas: Juan Carlos Chaparro, Daniel Fernando Cantos Carrascosa, José Teodoro Loto, Olga Cristina González, Santiago Omar Vicente, Nora Leónidas Coronel de Silguera, y Julio Estergidio Soria. Todos ellos muy jóvenes, la mayoría estudiantes universitarios. Jóvenes plenos de sueños e ideales, a los que se pretendió borrarlos del mapa, como si no hubiesen existido jamás.

Sin embargo, sus nombres nunca pudieron ser olvidados ni mucho menos arrancados de la historia viva del país. Los buscaron hasta el cansancio. Los lloraron hasta agotar lágrimas. Pero nunca dejaron de esperarlos. Cuántas madres murieron con la esperanza de ver regresar a sus hijos. Cuántos hijos soñaron con conocer a sus padres. Cuántas mujeres añoraron con volver a sentir el abrazo de sus maridos y novios. Cuántos hombres evocaron las caricias de sus esposas. Cuántos hermanos repitieron en sus sueños a aquellos que nunca regresaron.