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Cuando los animales son presa del delito

Las prácticas delictivas no tienen límites en los contextos, ya sea urbano o rural.

En este sentido el abigeato es una práctica, es un delito punible y estipulado en muchos códigos legales de la mayoría de los países ganaderos y que consiste en el robo o hurto de ganado o animales domésticos, principalmente caballos y vacas, aunque también se da en ovinos.

La creciente producción de ganado desde su introducción en el Río de la Plata, hizo que el mismo fuera expandiéndose hacia zonas alejadas de la gran ciudad, haciéndose difícil su control por la falta de cercos apropiados para su contención, originándose como consecuencia de ello una actividad delictiva basada en el cuatrerismo y el contrabando, algo que fue preocupación de los gobernantes en distintas épocas.

Una de las medidas para poder controlar el robo de ganado, fue la de instrumentar un sistema de marca con hierro candente, y al respecto, en la primera acta del Cabildo de Buenos Aires del 19 de mayo de 1589 se implantó la marca a fuego, obligándose a todos los propietarios a registrar las suyas.

En 1606 se prohibió matar o vender animales que no tuvieran marca del dueño, y en 1617 todos los vecinos propietarios de ganado mayor, fueron obligados a inscribir sus marcas en un registro oficial.

En 1844 fue fijada como época de yerra, el período comprendido entre el 25 de diciembre y el 25 de marzo de cada año, prohibiéndose marcar fuera de esas fechas, como una forma de evitar la marcación de animales ajenos.

El ladrón de ganado recibe el nombre de “cuatrero” o “abigeo”. Este delito aún se da en las áreas ganaderas de todo el mundo, en especial si aumenta el precio de la carne.