Entrevistas

Musha Carabajal: “El folclore no somos sólo Los Carabajal”

Mario “Musha” Carabajal habló sobre el cincuentenario de “Los Carabajal”, del patio de su abuela, de la necesidad de apostar a las nuevas generaciones, dejando los egoísmos de lado.

Casi nadie lo llama por su nombre. Mario Carabajal pareciera ser un don nadie. En cambio “Musha” Carabajal tiene sello propio. Es uno de los estandartes del grupo “Los Carabajal”, que este año está festejando sus 50 años de camino musical dentro del folclore de esta tierra.

A sus 65 años, mientras le agradecía a Dios la salud y a la gente por el apoyo constante durante toda su trayectoria, aprovechó para recordar el patio de su abuela, el mismo que el último fin de semana congregó a miles de personas, durante la fiesta de la “Abuela Carabajal”. En una charla sin desperdicios, habló de los olores de su infancia, de la nostalgia que lo invade cada vez que regresa a su tierra. Pero también se mostró sumamente feliz por el éxito que vivieron en el club Olímpico, durante el denominado “Carabajalazo”, donde trasladaron el festejo por el cincuentenario del grupo.

Un diálogo donde uno de los grandes del folclore se despojó de sus triunfos y prevaleció el hombre simple, el que un día corrió por su casa en el barrio Los Lagos, en la “Cuna de Poetas y Cantores”.

-¿Qué lío que armaron en la Banda?

-Nosotros hemos tomado, como familia, los conceptos del Papa Francisco y armamos un lío sano, un lío ameno. Un lío para compartir, para sentar precedentes de lo que es Santiago del Estero con su música, su cultura, lo que es como Madre de Ciudades.

-¿Cómo explica que el cumpleaños de la abuela sea un evento que siga creciendo y sumando en convocatoria año a año?

-El que viene por primera vez, vive, disfruta y se va con la mejor impresión, con el deseo y las ansias de contarles a sus amigos y familiares y va sumando cada vez más gente. Por ejemplo, hay un matrimonio de La Plata que vino solo su primera vez, y ahora ya vinieron con 4 micros llenos. El espíritu de compartir, de solidaridad, de la amistad, de la familia, se conserva. Se han dado muchas situaciones de vida, de un chico del norte y una chica del sur que se han conocido en el patio de la abuela, que se han casado, y ahora vienen con sus hijos. Tienen una continuidad de familia. Y eso es lo lindo que nos pasa.

-Apenas una parte de todo lo que ocurre en ese patio ya legendario.

-Exacto. Viene a memoria lo que ocurría años atrás, cuando la gente viene llegando y, como es un gran patio, sin puertas, se asoman, ven gente y entran. Me acuerdo que mi abuela, con las nueras, estaba picando cebolla para las empanadas y la gente llegaba, saludaba sin conocernos. Ella los hacía acomodar y les daba un cuchillo para que ayuden. Todavía se conserva ese espíritu de solidaridad. Mirá que había que hacer 4.000 o 5.000 empanadas, las mujeres de la familia no daban abasto. Entonces los ponían a trabajar a quienes venían de visita para preparar el almuerzo.