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Propuesta singular

Cuando aún no se han acallado los ecos del brillante acto con el que se celebraron los cien años de la fundación de la escuela del Centenario, aflora en mi mente y sentimiento la idea que ya hace bastante tiempo vive en mí.

Observando las columnas cuadrangulares y reducida altura que flanquean las escalinatas de acceso al establecimiento, me forjé la idea de que en las mismas se emplacen esculturas que armonicen con la bella arquitectura de su artístico frontispicio. Allá por 1980 di a conocer la inquietud a una autoridad educacional, sin encontrar eco y sin tener definida, por entonces, el simbolismo de la obra escultórica a emplazar, sólo perseguía el embellecimiento.

Ahora bien, acicateado emocionalmente por el brillante acto referido es que nació en mi mente la idea que las esculturas serían las de jóvenes estudiantes, varón y mujer, una en cada columna, habida cuenta que el colegio nació y transitó sus cien años de vida, como formadora de maestros, no obstante los nuevos ordenamientos en los planes de estudios para obtener el título de Maestro; sembradores del A.B.C. a lo largo y ancho de la provincia.

Son los estudiantes los que fundamentalmente con amor, inquietudes, dinamismos, alegrías, sonrisas, llantos, altruismos, ansias de superación, solidaridad y hasta sacrificios, dan ritmo y vida al significativo colmenar donde se cimenta el engrandecimiento de la Patria. Por ello, en una placa, se agregaría parte de la letra de “La Canción del Estudiante”: “Los que lo son, los que lo fueron antes/ los que, por suerte, tienen de estudiantes/ para toda la vida el corazón”.


Estimando que el año del cincuentenario se extiende hasta el 25 de mayo de 2018, por lo que de resultar del agrado y viable la propuesta, se podría acudir a gigantografías, de material no degradable a la intemperie, hasta lograr los recursos económicos para costear las propuestas esculturas.

Me atrevo a afirmar que cristalizado este homenaje del colegio a los estudiantes, frutos inmarcesibles de sus nobles tareas áulicas, originará en los mismos una mística que podría inspirarlos a que, diariamente, ofrecen flores al lugar, cual testimonio de una eterna primavera que perdura y vive en ellos.