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La fórmula del éxito

Miraba el otro día extasiado una película de aquellas “De mendigo a millonario”, pero al despertarme de mi modorra, me di cuenta que sólo estaba mirando un noticiero de deportes.

Y sí. No era un sueño, la realidad me despabiló de un sonoro sopapo, quién como él, de un “humilde” trabajador a mandamás del fútbol argentino.

Julio Grondona ahora tiene un sucesor que, como él, viene bien de abajo. Don Julio era cerrajero, él barrendero. Don Julio era un hombre humilde, él también lo era. Don Julio no tenía muchos estudios, él igual.

Los dos representaban dos clubes de barrio, casi un canto de loas y honor al potrero que cada uno llevamos bien adentro. Uno de Sarandí, el otro de Barracas.

Ambos lograron derribar ese estigma de los humildes trabajadores sin poco estudio, lograron revertir el estigma de la pobreza y la honestidad y todo gracias a la pelota.

Es digno de imitar salir de bien abajo y llegar bien arriba.

Muchos se preguntarán ¿Cuál será la fórmula del éxito?

De barrer las calles y levantar la basura a dirigir una organización que mueve millones de dólares y nos representa a nivel mundial.

Hay miles de barrenderos y recolectores de basura que hoy mismo se preguntan cómo hacer para igualar a su ex colega.

No es como decía la arquitecta egipcia y abogada exitosa, que “no hay magia”, sino lo que hay es suerte. Mucha suerte. La suerte de conocer a la hija del sindicalista más poderoso, casarse con ella, darle nietos al suegro y de ahí todo vendrá por añadidura, como dicen las escrituras “sindicales”.