Actualidad

Problemático y febril

Somos un país cruzado por la nostalgia y nada mejor que un tango para describirnos de cabo a rabo.

Somos esa amalgama de criollos y extranjeros que dieron como origen un nuevo ser: ese argentino creído, inconformista, altanero, solidario, contestario, irónico, sabiondo, locuaz, olvidadizo y buscavidas.

Somos un conjunto de contradicciones y desencuentros. Nos damos vuelta como una media y lo que ayer fue blanco hoy, sin solución de continuidad, es negro, en el medio podrá haber grises pero no muchos, para no desairar la pureza de las antípodas.

Discepolín nos recitaba que todo era un “cambalache, problemático y febril”, también nos alertaba que “el que no llora no mama y el que no roba es un gil”, los versos nos delataban que siempre estaremos prestos a garrapiñar lo que venga y, como si eso no fuera poco, agazapados para la consabida mordida.

Somos ese pueblo incomprendido por todos, el del destino venturoso y el presente a los tumbos, el porqué estamos como estamos debe ser una tesis doctoral, no de política económica o social, sino más bien de un psicólogo incluso de un siquiatra, porque somos una cosa de locos.

Una sola ideología deberíamos profesar, el trabajo. Pero nos empecinamos en ser filósofos, economistas y políticos de café. Discutimos por todo y contra todo. Somos tanto de izquierda como de derecha. Pura cháchara. como gritaba Vicente Leonidas Saadi.

Vamos a contramano del sentido común, el sentido menos usado en la historia, algo que para nosotros resulta una obviedad.

Recordamos a nuestros próceres los días más tristes de ellos, no sus gestas, sus triunfos o sus glorias, sino sus muertes. Tenemos una historiografía necrológica que trasuntamos en nuestro derrotero como país.