Nota de Tapa

Pequeños abusadores


Cada vez son más los niños sometidos sexualmente por otros niños. Es una de las problemáticas que más preocupa. La sociedad santiagueña no está preparada para asumir que un agresor sexual pueda ser un menor de edad. Voces calificadas para interpretar un flagelo que avanza a pasos agigantados.


El último fin de semana largo de marzo, apenas terminó de hacer los deberes que le dejó su “seño” de primer grado, el pequeño aprovechó para salir a jugar con otros niños. Sólo quería jugar. Por eso, no tuvo reparos a la hora de compartir las horas con uno de sus primitos mayores, en el barrio Belén, en la zona oeste de la ciudad.

Con sus escasos 6 años y la inocencia a flor de piel, jamás podría sospechar de “segundas intenciones” de su primo de 11 años. Así, confiado y feliz salió a jugar.

Un rato más tarde, el mayor de los niños le dijo que debían descansar un rato e ir a dormir la siesta, para que las mamás no se enojen. Sin dudarlo, el más chiquito fue al dormitorio de su primo y se recostó. Entre bromas, chistes y juegos, el más grande comenzó a desnudar al pequeño. Un segundo después, abusó sexualmente de él. Luego de las lágrimas iniciales, el abusador amenazó a su primito y le exigió que no dijera nada sino lo golpearía. Además, le dijo que nadie le creería y que su mamá se enojaría con él.

Ese silencio no duró demasiado. Cuando el más chiquito llegó a su casa, no pudo contener el llanto. Aunque su mamá lo abrazaba y le preguntaba qué había sucedido, no podía hablar. La mujer creía que había peleado con alguno de los hijos de su hermana y por eso estaba así. Pronto se dio cuenta que había algo más, que algo más grave había ocurrido, pero jamás imaginó lo que su niño estaba contándole. Con tristeza y vergüenza, el pequeño le narró una historia terrible, donde él había sido víctima de un abuso, y que el victimario no era otro que su sobrino de 11 años, uno de los hijos de su hermana.

Enloquecida por la bronca, la furia y el dolor, la mujer levantó a su niño y se dirigió a la Comisaría del Menor y la Familia donde radicó la denuncia correspondiente. El médico forense determinó el abuso sexual y lesiones curables en 10 días.

DEBAJO DE LA MESA

Como casi todos los días, la mujer recibió al hijo de su amiga, de 10 años, para cuidarlo, mientras ella realizaba los trámites necesarios para el tratamiento médico oncológico de su otra hija.

Con todo el cariño del mundo, le hizo el desayuno mientras despertaba a su hijita de 7 años. Al rato, ambos compartían distintos juegos, como lo hacían habitualmente.

Su amiga la llamó para avisarle que se demoraría un rato más, por lo que ella decidió preparar un almuerzo para todos. Pensaba en que ella vendría agotada y sin tiempo para nada. Así que decidió ir a la despensa cercana a comprar lo que le hacía falta. Como los niños jugaban, no quisieron acompañarla. Así que les cerró la puerta con llave mientras éstos corrían el patio.

A esa hora, en el negocio del barrio Siglo XXI había mucha gente, por lo que tardó más de lo previsto. Cuando regresó, se dirigió directamente al patio, pero no encontró a los niños. Le llamaba la atención el silencio. Los buscó en las escasas habitaciones de la casa, pero no aparecían.

Cuando estaba a punto de alarmarse, vio que algo se movía debajo de la mesa, cubierta con un mantel largo. Se rió y pensó que los niños estaban haciéndole una broma, jugando a las escondidas con ella. Así que se acercó lentamente y tiró del mantel, para dejarlos al descubierto.

Nunca pensó que vería a los niños sin ropa interior. No cabían dudas, el amigo de su hija, de 10 años, había abusado sexualmente de su niña de 7 años.

Después de la denuncia policial y la consecuente pelea con su amiga, la justicia de turno ordenó la contención psicológica para ambas criaturas y los correspondientes informes.