Locales

El adiós a la última vereda alta

Tal vez su construcción data de los finales del Siglo XIX, o del comienzo del XX. Casona construida en terreno alto, con su vereda de ladrillo, que se elevaba más o menos un metro, con respecto al nivel de la calle. Era la esquina de Gorriti y Salta.

Construcción estratégica que evitaba que las aguas desbordadas del río Dulce invadieran a la casa. Por muchos años, don Hilario Battán, instaló su almacén, el que se constituyó en “posta” obligada para quienes –aprovechando el servicio de “boteros” cruzaban el río Dulce a la altura de la calle Salta, para dirigirse hacia el centro de la ciudad. Así arribaban las “verduleras”, con sus canastos repletos, eran las que tenían sus sembraditos. Las que no lo tenían, adquirían verduras y frutas en el mercado Armonía y luego salían a caminar y caminar la ciudad, vendiéndolas de puerta en puerta. Se las llamaba las “revendedoras”.

Unas y otras, con los pesitos ganados, regresaban al almacén de la vereda alta, de la esquina de Salta y Juana Manuela Gorriti, adquirían lo necesario para “pasar el día” y emprendían el regreso a sus ranchitos, al otro lado del río.

Los integrantes de los clubes Estudiantes (de fútbol) e Independiente (de básquet), que tenían sus respectivas canchas en las cercanías, después de los entrenos concurrían a refrescarse, con la “naranjada” o la “bilz”, bien “frappé”, sentados en la vereda, colgando los pies. Los chistes, cargadas y anécdotas, desfilaban a granel.