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Payamédicos

El creador de esta nueva fi¬losofía es el doctor José Pelluchi, fundador de la ONG Asociación Civil Payamédi¬cos en 2002 y a la cual pertenecen los payamédicos. José Pelluchi además de ser médico psiquia¬tra, dedicó su vida al teatro. To¬do comenzó cuando José empezó a llevar sus personajes a la tera¬pia del hospital donde trabajaba y los médicos y enfermeros comen¬zaron a darse cuenta que, luego de esas pequeñas intervenciones, los pacientes necesitaban menos dosis de analgésicos y calmantes, mostraban ciertas mejorías, lo cual fue un disparador para que se desarrollara lo que es hoy pa¬yamédicos a nivel nacional.

Objetivo primordial

El objetivo es, fundamental¬mente, contribuir a la salud emo¬cional de la persona hospitalizada o en si-tuación de vulnerabilidad. Generar un es¬pacio de encuentro, de agenciamiento, en el que en este acercamiento entre pacien¬te-payamédico, la persona pueda, desde su posibilidad, su deseo, y su potencia, pro¬ducir algo, expresarse reconociendo y des¬cubriendo sus aspectos «sanos». Lo fun¬damental es desdramatizar el ambiente hospitalario, mostrando al paciente, a sus familiares, al equipo de salud y a las per¬sonas que trabajan allí, que la risa, el hu¬mor, la fantasía pueden ser parte de su vi¬da en el interior del hospital. Todo esto se hace mediante intervenciones a través de la técnica del payaso; con una ética, estéti¬ca y deontología propias.

¿La risa cura?

En la actualidad, hay consenso cientí¬fico acerca de que un estado de ánimo op¬timista sostenido previene y/o mejora la evolución y pronóstico de varias enferme¬dades. Esto se debe a la presencia de en-dorfinas que se liberan en el acto de reír¬se, lo cual beneficia las defensas del or¬ganismo.

La Columna habló con uno de los miles payamédicos que hay en nuestro país, y nos contó cómo es el “trabajo” de un payamédico.

Karina Garbera tiene 44 años, es em¬pleada administrativa y hace unos años decidió compartir su tiempo y su vida con otros payamédicos. “Lo que me motivó y sigue siendo mi motor, es el deseo de po¬der entregar parte de mi tiempo, de mi vi¬da, y aportar un granito de arena para in¬tentar hacer un mundo mejor. Puedo ase¬gurar que soy plenamente feliz. Payamé¬dicos no es solo ir al hospital, ponerme el traje y la nariz. Es una experiencia que atraviesa mi vida, que me permite verla de una manera diferente y lo más lindo es poder compartirlo con otros que tienen el mismo deseo”, relata Karina.

¿Cómo es un día en el trabajo del pa¬yamédico?

Te cuento como es más o menos una tarde en el hospital. Llegamos, vamos al auditorio, que es el lugar cedido por el di¬rector. Allí nos vamos encontrando y dos de nosotros nos encargamos de hacer el “payapase“, que consiste en acercarnos a los enfermeros de cada servicio para con¬sultarles qué pacientes podemos ir a ver, sus patologías y sobretodo su estado emo¬cional. Volvemos, compartimos esta in¬formación con nuestros compañeros, de¬finimos quiénes vamos a ir a cada sector y cómo vamos a formar los dúos o tríos -nunca vamos solos-, nos cambiamos, nos ponemos el traje y llamamos a los docto¬res. Una vez que nos colocamos la nariz, de algún modo desaparecemos y surge el payaso que llevamos dentro. Nos sumer¬gimos en un mundo de magia y fantasía y salimos hacia las habitaciones.

Las intervenciones duran alrededor de 10 a 15 minutos. La idea es irnos cuan¬do el paciente (a quien llamamos produ¬ciente) está con la energía bien alta. Una vez que terminamos, vestidos ya de civil, hacemos el “payabalance“, es decir, re¬construimos las intervenciones, compar¬timos lo que sucedió y especialmente si hubo alguna captura o situación particu¬lar que necesitemos resolver.