Entrevistas

Carolina Domínguez: una vida dedicada a la danza

-¿Cómo te iniciaste en el ballet?

Comencé a practicar danzas a los cuatro años de edad, en la ciudad de Córdoba, en el estudio Soria Arch. Calculo que todas o la mayoría de las niñas que practican danzas, seguramente lo hacen porque sus madres aman este arte, en más de un caso.

Al menos, siento que es tal el amor que quedó guardado, que buscan que sus hijas puedan probar de hacer esto tan bello que es la danza en todas sus expresiones. Mi mamá, fue una de esas madres. Así comencé y seguí formándome todos estos años, acompañada siempre por ella.

¿Cuándo diste el salto de ser alumna a convertirte en profesora?

Llegados mis 17 años, casi como un juego, comencé a dictar clases de gimnasia aeróbica en la casa de mi mamá. En esas clases, las primeras alumnas fueron parientes y amigas, las cuales lo hacían porque les gustaba, pero también como una excusa para juntarnos y compartir buenos momentos.

Era una época tranquila en cuanto a la situación económica, pero no dejaba de dar vueltas en mi cabeza la posibilidad de hacer de la enseñanza, mi próximo estilo de vida, ya que al año siguiente me casé y formé mi familia. Por lo cual, sabía que no me iba a ser fácil viajar y seguir bailando dentro del ballet del estudio al que pertenecía. Por ello decidí abrir mi propio estudio de ballet en la ciudad de Córdoba, llegando hace 9 años a instalarme definitivamente aquí, en Santiago.

¿Qué recordás de esos primeros tiempos como profesora?

Hay una cuestión que siempre recuerdo en cuanto a las profes y a las alumnas de mi época, no hacía falta aclarar situaciones de jerarquía ni de roles, existía un sentimiento de “lealtad”, de pertenencia. Era casi imposible toparte con alguna compañera o alumna que fuera a diferentes estudios o tomara clases con diversos maestros. Ser parte de un estudio de ballet o una academia, era como formar parte de una familia; una cuestión de confianza en quien imparte las clases y de aceptación en el crecimiento propio.

En 2007, abrís la Academia de Ballet en Santiago del Estero.

Comencé con el dictado de iniciación a la danza, danzas clásicas, jazz, danza española y tap dance. Mi llegada a la ciudad, generó una revolución dentro de las familias santiagueñas, haciendo que hasta quienes dictaban clases fueran a tomar clases mías para saber de qué se trataban las propuestas que traía. Desde luego, yo no las conocía... Pero con el tiempo logré saber quiénes habían sido aunque sea por una o dos clases mis alumnas. Hoy me acuerdo y me causa mucha gracia. Cuando llegué a esta ciudad hace 10 años atrás, no había escuelas que aceptaran niñas tan pequeñas (desde los 2 años de edad), y no estaba instalada la danza jazz, ni el tap en nuestra sociedad. Por lo tanto, siento que en cierta forma fui precursora de la enseñanza de las danzas norteamericanas en Santiago del Estero!

¿Costó que te aceptarán?

Al principio, todo fue muy raro, casi, casi un tanto alocado...

Aposté por el crecimiento y no dudé en hacer conocer mi trabajo, invirtiendo en medios de comunicación para tal fin. Llegaba gente del interior, que se habían enterado por las propagandas de radio o por la televisión, otras nenas que eran amigas de nenas que ya venían, y así fueron ingresando más y más alumnas.
En un cerrar y abrir de ojos, casi sin darme cuenta, posicioné a mi estudio como uno de los más renombrados estudios de danzas de la ciudad.