Judiciales

Crimen, condena y huelga de hambre

Después de 11 años de haber asesinado a su esposa frente a su hija, un ex cabo de la policía federal inició una huelga de hambre en el Penal de Colonia Pinto reclamando que no puede ver a la menor.

Hace una semana atrás, un ex cabo de la Policía Federal, condenado a prisión perpetua por el homicidio de su pareja, inició una huelga de hambre. Si bien su modo de protestar resulta llamativo, el motivo del mismo lo es más aún. No se trata de un pedido de reducción de la pena, ni tampoco de acelerar los plazos judiciales, tal como suelen hacerlo otros reclusos, sino que su reclamo tiene que ver con los sentimientos, con los afectos, con el amor filial no correspondido. Este hombre reclama poder ver a su hija, la misma que tenía 2 años y 8 meses cuando su mamá fue asesinada, que presenció aquél crimen, y que hoy se niega a retomar el vínculo con su papá.

Pero, para entender de qué se trata este singular reclamo hay que volver la vista atrás, y saber qué pasó en el medio con este papá que mató a la mamá de la nena, a quien hoy reclama ver nuevamente.

Una investigación realizada por LA COLUMNA, con los familiares de la mujer asesinada, permitió acomodar las piezas del rompecabezas y reconstruir esta historia de sangre y muerte, que tuvo como protagonistas a Elina del Tránsito Rodriguez, su esposo Esteban Alejandro Salto y a la hija de ambos, hoy de 14 años.

Elina era una hermosa muchacha de 24 años. Siendo muy jovencita se enamoró de Salto, un cabo de la Policía Federal con el que se casó un tiempo después. El amor trajo sus frutos y nació una hermosa niña que vino a coronar la relación de pareja. Sin embargo, durante las primeras horas del domingo 10 de octubre de 2004, ese amor se tiñó de sangre y muerte.
Durante aquella madrugada, Salto había trabajado en tareas de prevención sobre la ruta 34 y regresó a su casa para cambiarse y cumplir un servicio adicional en otro lugar. Ya en su hogar, sito en un departamento de la calle San Pablo, del barrio Belgrano, comenzó una agria discusión con su esposa. Se dijo que ella lo había descubierto días atrás junto a otra mujer, y que él le habría reclamado infidelidades de su parte. Así, en el medio de supuestas acusaciones cruzadas, la violencia verbal se transformó en física y habría dado paso a un forcejeo entre ambos, que terminó cuando Salto sacó su arma reglamentaria y disparó directamente en la cabeza de Elina.
La muchacha murió en el acto, mientras su pequeña hija, de dos años y ocho meses, miraba impávida la escena. Obviamente, la niña no comprendía qué estaba sucediendo, ni mucho menos por qué su mamá estaba tirada sobre la cama matrimonial, en un inmerso charco de sangre, mientras su papá tenía en sus manos un arma de fuego, aún humeante. Nadie supo si lloró o simplemente se espantó de lo que estaba sucediendo a su alrededor. Era tan pequeña.