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Tiempos de diáspora

Vive el país un nuevo tiempo, desde la tarima escenográfica de las candidaturas se propugnó que cambiemos, y así la mayoría optó por dar un vuelco en el país.
Todavía es incierto pronosticar si este giro casi copernicano será para bien o mal, lo que sí es seguro que a diferencia de lo anterior, lo nuevo es completamente distinto, se respira un nuevo aire y eso es notorio.

Pero también se advierten movimientos tectónicos en las estructuras partidarias que dominaron la escena nacional por décadas. Ya nada será como era antes, dirían las abuelas, y la sabiduría popular es difícil que se equivoque.

El radicalismo que venía alicaído por el mal paso del año 2001, donde todavía sigue en la memoria colectiva el alejamiento casi huyendo en helicóptero del presidente De la Rúa de la Casa Rosada, con las dantescas imágenes de una Plaza de Mayo regada de muertes incomprensibles por la rebelión juvenil que se motorizó al hacer explosión la ficción que era mantener el peso igual que el dólar, hoy casi trémulo inicio un nuevo camino.

O el mismo peronismo que sufrió un trasvestimo político que desdibujo su imagen y se convirtió casi en el furgón de cola de un conglomerado anoréxico de movimientos, partidos y grupos que poco y nada tenían que ver con su larga historia forjada a fuego por el calor popular, la vertebración del movimiento obrero, las conquistas sociales y una clara posición alejada de los extremos, pero mucho más de aquello que tenía componentes filoizquierdistas.

Claramente el radicalismo necesitaba volver a su rebeldía natural dentro de esa institucionalidad fundacional y la ética republicana. Solo, a la buena de Dios, le era imposible alcanzar posiciones de poder, apenas le alcanzaba para rasguñar alguna gobernación y unas intendencias de pueblos pequeños y medianos, capaz alguna gran ciudad, pero nada más que eso, y entonces se vio obligado a realizar alianzas y tanto Macri como Massa fueron proclives a contener el enorme potencial de movilización de los todavía miles de afiliados y militantes radicales, como la centenaria estructura partidaria que la hace visible en todo el país.